martes, 31 de julio de 2012

“El público” de Bruno Galindo

Al grano. Creo que El público es una novela interesante no por su argumento ni porque el narrador sea un nosotros omnisciente (bueno, esto un poco sí) sino por lo que tiene de hipnótico. Resulta sorprendente que a mí, que me interesa muy poco la decoración de los interiores de las casas o pisos o buhardillas de los personajes más o menos importantes, haya caído en el embrujo de su prosa, que cuenta con detalle lo más nimio entre lo nimio. También porque en “El público” los actores somos, en cierto modo, los lectores; unos lectores a quienes se nos identifica más por nuestros hábitos de consumo que por lo arrollador de nuestra personalidad.

El de la agencia, que sabía a qué clase de conclusiones debía irse acercando, indicó que combinamos pósters baratos (Klimt, Van Gogh, el beso de Doisneau, la foto de los obreros en la viga en Nueva York, el retrato warholizado de Audrey Hepburn) con algún objeto de arte más exclusivo (una serigrafía numerada, una reproducción barata de algún fotógrafo premiado). Nos gustan las tallas y máscaras africanas, los kilims marroquíes, los muebles balineses, los fulares con mandalas indios. Tenemos bien a la vista libros de arquitectura y grandes tomos de Taschen (Warhol, Bauhaus, Robert Capa, carteles del rock, grandes del jazz, pin-ups americanas). Algunos hemos recogido algún mueble de un contenedor de la calle alguna vez. Los modelos más o menos actuales de aparatos tecnológicos también marcan la diferencia. 

No tiene maldita la importancia que compartamos o no esto que se indica en la cita. No es el tema. Tampoco importa, por ejemplo, en esta novela, el acto de enamorarse sino el modo en que generalmente lo hacemos; ese cómo suceden las cosas, siempre tan parecido. Es decir: importa aquello que tenemos en común cuando nos sacan la foto de grupo; aquello con lo que, más que menos, podamos identificarnos o identificar a nuestros vecinos si acaso nos creemos tan especiales como para pensar que lo nuestro es diferente. Lo raro, lo excepcional, no tiene cabida en esta novela y eso, creo, es precisamente lo que le da ese algo distintivo. 

En sus primeras visitas ella trajo flores, incienso, velas y servilletas estampadas. Pegó unas estrellas de papel tornasolado y colocó en una estantería dos pequeñas acuarelas (según anunció a Nuestro Hombre, le había dado por volver a pintar). Puso en un vaso con agua un hueso de aguacate del que pronto brotó un vigoroso tallo. Organizó el frigorífico con economía y eficacia: se deshizo de las bolsitas de ketchup y las reemplazó por mostaza francesa, salsas chinas y refinados aceites. Tiró todo lo florecido. Pronto hubo rúcula, tomates cherry, tofu, jengibre fresco y cilantro. Trajo la plancha de su casa y —lo hizo cuando él no estaba, para darle una sorpresa— dobló toda su ropa como si fuera un regalo; arregló el cuartito y encontró, donde no cabía un alfiler, un hueco donde acomodarla. 

Dejo el párrafo anterior no para provocar a las feministas sino como otro ejemplo del estilo. Insisto en la poca importancia que tiene en la novela lo individual. Se trata más bien de describir, de enumerar, de explicarnos a nosotros mismos que somos lo que consumimos; se trata de dar relevancia a todo aquello que marcará la tendencia del grupo que acaba de llegar. Importa lo anodino, lo vulgar, lo aburrido, aquello que en grupo nos difumina y por separado nos hace sentir bien, estar en la onda, aunque obligue a dejarlo todo perdido de tópicos como el anterior, que tiene de real lo que una comedia romántica al uso. En El Público, por ir cerrando algún tema, lo que realmente importa, a lo que se presta más atención, es a todo aquello que hacemos que tiene valor estadístico. El trabajo de Bruno Galindo, lo que mejor hace y por lo que esta novela, vale, en mi opinión, la pena, es convertir los diagramas de flujo en literatura. 

El problema de “El público”, en mi humilde opinión y por no hacer una entrada demasiado babosa, es que se estropea (es un decir) cuando trata de salvar una situación que no pedía ser salvada; cuando obliga al protagonista a convertirse en lo que no hacía falta: un hombre, Nuestro Hombre, metido hasta las orejas en una trama de intriga un poco demasiado hitchckoniana. Voy a decir algo que nunca creí que llegaría a decir, que me horroriza admitir y de lo que espero no tener que retractarme en el futuro: creo que esta novela falla desde el momento en que cae en las redes de la TRAMA. A mí me gustaba mucho leer todo aquello que Galindo me contaba tan bien, incluso esa larga secuencia de enamoramiento tan Up (la película de Pixar) y no veía maldita necesidad de enredarlo todo tanto como se enreda al final, que sin ser para volverse loco, requiere un nivel de interés que yo había perdido en el momento en que había entrado en escena una joven y atractiva millonaria rusa que quería ser puta de barrio madrileña por un día y que tampoco acabé de entender a qué cuernos venía tanta paliza con la muchacha total para lo que acaba pasando, que no es casi nada.

Total, que por aquello de no entrar mucho en detalles y matar la gracia de la novela lo voy a dejar aquí. A los acaban de llegar, bienvenidos al párrafo resumen; al resto: acabo en medio minuto. Que sí, que está bien, que vale; que "El público" arranca estupendamente y progresa adecuadamente hasta que luego, hacia el final, cae en el enredo difícil, quizá buscando ese golpe de efecto que es de esperar llene de elogios desmedidos las fajas de una segunda edición que no llegará nunca. Lo más gracioso es que por lo que yo, personalmente, recordaré esta novela no será por ese final de quedarse boquiabierto (exagero) sino por esa otra primera mitad (algo menos, quizá) tan interesante, adictiva y diferente. Una lectura interesante, en cualquier caso.





53 comentarios:

  1. Coincido con la reseña. Más que la millonaria rusa (tengo debilidad por las historias de putas) lo que para mí sobra en la novela es cuando el protagonista empieza a desdoblarse y esos jueguitos posmodernos-fantásticos que no venían al caso. Era una novela hiperrealista, no una novela fantástica.
    Aun así creo que es la mejor novela que se ha publicado en lo que va del año (de las que he leído, claro). Un año especialmente sombrío, quizás porque la emoción en estos tiempos hay que buscarla en la economía y no en la literatura.
    Aunque no sea necesariamente un defecto, a la novela se le nota que fue escrita hace tres o cuatro años, o sea, en una época anterior a la actual.

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    1. Coincido: un año espantoso. Luego dirán que si esto o que si lo otro pero echando la vista atrás esto ha sido, con matices, de lo mejor, lo que deja a los demás en muy mala situación.

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  2. En "La Vida instrucciones de uso",Georges Perec se da un "jartón" de hacer lo que dices que hace Bruno Galino. Las enumeraciones de todo tipo, sobre todo decorativas, son de record Guines (de tres y cuatro páginas). Tienen su función en la novela, formal y argumental, porque es una manera más de describir al personaje según los objetos que posee en su vivienda, una manera también de explicar su historia, porque nuestra historia está también en los objetos que un día adquirimos, pero, qué se yo, que las primeras están bien, algunas extraordinarias, pero a mitad de libro opto por saltármelas. El afan de particularizar a cada individuo a través de sus gustos y sus posesiones en realidad le vulgariza, que es lo que, según dices, ocurre en "Público".

    Bueno, todo esto con perdón, que como ha coincidido esta reseña con mi lectura de "La vida..." pues me he dejado llevar. Una casualidad "Pereciana"

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  3. No pude con el de Perec. Con ese, al menos. Sin embargo disfruté con "El gabinete de un aficionado". Cosas. Lo que tiene Galindo es que resulta mucho más ameno que Perec. De otro modo en buena hora me lo iba a terminar.

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    1. Hola
      precisamente la amenidad la logra combinando fantasía y descripción hiperreal, al menos en mi lectura yo lo sentí de este modo. Es una combinación muy interesante y difícil que resulta un acierto aunque, como dices, quizás se le escapa algo en la parte más fantasiosa y en cambio cierra a la perfección la parte que tiene más de ensayo.
      En todo caso, una puesta arriesgada y valerosa.
      Saludos.
      C.

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  4. Fijémonos en el segundo párrafo que cita Carlos. El primero me ha llamado menos la atención.

    En sus primeras visitas ¿ella trajo?

    Si las visitas fueron varias lo correcto sería decir: "ella fue trayendo" y no "ella trajo". Y si ella en realidad "lo trajo" (esto es, todo de una vez) ya no hablaríamos de sus primeras visitas (en plural) sino de "en su primera visita" o "en una de sus primeras visitas" (en singular).

    ¿Dónde pega las estrellas? Se supone que en la estantería ¿no?. Traten de hacer encajar la imagen en su mente. Difícil ¿eh?. Las acuarelas también las coloca en la estantería sin hacer, el autor, referencia a marco alguno que permita su verticalidad. Traten de encajar la imagen en su mente. Casi imposible ¿eh?

    Aún más deficiente:

    ¿El aceite para cocinar se guarda en el frigorífico? Todo el mundo -Galindo incluido- sabe que no. Pero Galindo incluye "los aceites" en el párrafo porque le suena bien, sin ponerse a parar en mientes. Y cien veces lo habrá leído y ninguna de las cien habrá reparado en su error. ¿Por...? Pues por la falta absoluta de autorigor que impera en nuestros escritores. En fin bastante penoso

    Si no te preocupa hacer uso la prosa sonajero, elige por lo menos uno que no suene a polivinilo cuarteado.

    Más: El gengibre fresco no se habitúa a guardar en la nevera.

    El "acomodo" final: habrá de inferirse que alude a la plancha, pero tal y como está escrito el párrafo parece venir referido a la propia ropa.

    En resumen, que Galindo escribe lo primero que le sale de los cojones. Y muy bien que hace, mira por donde. De momento, van y le publican. Y en un blog como este, tampoco parece que consideren que merezca la pena reprocharle tales veleidades y tropiezos.

    Yo, sí. Un abrazo para todos (incluido Bruno Galindo, por supuestísimo).

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  5. Hola Bluff!
    A la novela pueden reprochársele otros aspectos como les mencionados por Carlos más arriba, incluso el mismo planteamiento, repetitivo y mecánico. Pero lo que comentas resulta más que discutible. Para no rebatir o comentar punto por punto quedémonos con la primera de tus correcciones, la de "ella fue trayendo" en lugar de "En sus primeras visitas ella trajo flores, incienso, velas y servilletas estampadas". El "fue trayendo", interpretado literalmente, como estás interpretando todo, parecería indicar que en su primera visita ella trajo una flor, en la segunda otra, y así hasta completar el ramo. El "trajo" daría la idea de que, por decir algo, en la tercera visita o en la cuarta trajo las flores, en la quinta las servilletas, en la tercera las velas, etc. Da igual que haya sido en la segunda o en la sexta, lo que al autor le interesa resaltar es que esa acción sucedió durante las primeras visitas. Uno dice "durante mis primeros años de vida aprendí a leer", no "durante mis primeros años de vida fui aprendiendo a leer". En todo caso, tanto la opción de Galindo como la tuya serían aceptables.

    Lo mismo sucede con tus demás ejemplos. Vayamos a la estantería. Galindo nunca afirma que "colgó" las acuarelas en un muro, sino dice que las "colocó" en la estantería. Lo entiendo a la perfección porque en las estanterías no se suelen colgar acuarelas (o tarjetas o afiches o fotos), sino que se colocan sobre la misma estantería, recargadas contra los libros.

    Más que defender la novela de Galindo (tipo bastante antipático, por demás), que podrá gustar o no gustar (yo la recomiendo), me cansa esta actitud tan en boga últimamente de descalificar a un escritor por emplear incorrectamente una preposición. El caso más desesperante es el de los anónimos que afirman que Marías es el peor escritor del mundo porque de vez en cuando se equivoca en las concordancias o porque una vez empleó incorrectamente el "sendos". No hay que confundir corrección gramatical con calidad literaria. Pérez Reverte tiene un pleno dominio del castellano, mucho más firme que el de Marías, y es un escritor mucho menos interesante y talentoso. Obviamente tampoco hay que marchar al extremo contrario y pasar por alto las graves deficiencias idiomáticas (que acaban siendo estilísticas) de aspirantes a escritores que se dan el aire de grandes literatos y no pueden redactar un solo post sindical sin cometer errores ortográficos y sintácticos.

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    1. Anónimo

      Ya. ¿Y lo del aceite en la nevera? ¿y lo de confundir el gengibre fresco con el gengibre encurtido?.

      No da igual todo. En realidad no da igual nada. A la gente nos la están metiendo doblada en todos los órdenes de la vida por culpa del puto relativismo de los cojones: un mantra inobjetable al servicio de la mediocridad.

      Una persona medianamente responsable no debería pasar del asunto. Que se detenga a pensar en las consecuencias. Ya saben... lo de los polvos y los lodos.

      Ah! y me suda la polla -y lo mismo debería ocurrirle a cualquier lector respecto de cualquier autor- si el tal Galindo es un borde o un tío simpatiquísmo; lo que tiene que hacer es escribir bien.

      Un abrazo!

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    2. La transpiración genital no es un argumento ni en la vida ni en la crítica, y sobre todo, en el caso de algunos resulta tan risible por impostada como cómica por servil. La sombra del olmo herido es alargada, algunos ya confunden el papel pintado con la pared.

      Marías no se equivoca nunca, es un audaz creador y un renovador infatigable, sendas actitudes, en mayor o menor medida, le otorgarán un lugar eterno en el Parnaso. (corríjase al gusto del consumidor, se sugiere el jengibre y el gengibre)

      Por cierto, es el relativismo el que nos permite hablar sobre los demás y juzgarlos, lo contario sería una dictadura de la moral y del “buenismo” pío.

      Pan y amor.

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    3. Hola Bluff!
      Aparte de jengibre, podríamos agregar "autorigor". Vamos, que si uno va a hablar de "autorigor" lo menos que podría hacer es escribir autoRRIgor. Pero la "r" que falta desde luego no invalida tus argumentos.

      A mí lo del jengibre me da exactamente igual (¿es más grave confundir el jengibre fresco con el encurtido o el gengibre con el jengibre?). Ni en mi nevera ni en mi cocina nunca ha entrado un jenjibre, y si me obsequiases uno y me diera por darle una mordida y probarlo seguramente lo guardaría con los jabones. Juzgar una novela por recrear perfectamente las costumbres y la lengua de una época, describir fielmente los vestidos que se usaban en octubre de 1756 y dar recetas de cocina está muy bien para un tipo de literatura. Un tipo de literatura que a mí no me suele interesar y que no es a lo que juega Galindo. Es más, si me obligas, te diría que el "error" del jengibre retrata involuntariamente a los personajes, que compran esas ¿verduras, tubérculos, jabones? y ni siquiera saben cómo conservarlos. La novela de Galindo va de trepas pretenciosos (como él, por cierto). Cervantes reencarnaba borricos, y qué.

      En realidad es muy difícil marcar cuándo los errores (suponiendo sin conceder) afectan la calidad de una novela. Supongo que cada persona tendrá sus umbrales. Yo prefiero la novela de Galindo, por decir algo, a la prosa tan amariconada de Pablo Gutiérrez, la prosa chata y descuidada de Calvo o a la insoportable grandilocuencia de Menéndez Salmón.

      Saludos!

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    4. Vaya por delante que yo a Galindo no lo conozco de nada. Es más, me basta saber que es poeta (espero no equivocarme) para desearle todos los fracasos del mundo mundial pero una cosa no quita la otra y, coño, bluff, no es para tanto. Yo he tenido acuarelas en estanterías (algunas apoyada en libros y otras en marcos de sobremesa (los de las fotos, pero sin cristal)). El jengibre mucha gente lo guarda en la nevera y etcétera. Lo de las estrellitas es verdad que no se sabe dónde cojones las pega.

      Es verdad que hay mucho de prosa sonajero, pero quitando momentos puntuales, la primera mitad de la novela tiene ese algo adictivo que, al menos a mí, me ha ayudado a perdonarle el resto. Pero media novela no hace buena una novela.

      Gracias por pasar,

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  6. Hacía una buena temporada que no me enganchaba a una discusión de blog. Gracias, ha sido divertido y oxigenante, como dice el anterior comment, mejor discrepar que reducirnos a una dictadura de lo políticamente correcto.
    Me gustaría señalar que a mí me ha sucedido al revés que al autor del presente blog: encuentro la novela excitante cuando el autor elude elementos descriptivos de la vida burguesa en la mediana edad ( o mediana juventud, si preferimos denominarlo así) y se centra en otros aspectos.
    No es que no me guste cuando Galindo se excede en el análisis frío, crudo, sistemático y de "estudio de mercado" al contrario, se revela como un gran observador, si bien, como otro comment arriba leído, Perec ya puso vela en ese entierro de las convenciones burguesas del siglo XX (aquí llevadas al siglo XXI).

    Los rasgos de genialidad en la novela El Público se hacen patentes cuando Galindo es capaz de poner en relieve, de forma astuta y sutil, el sentimiento de fracaso interiorizado.
    El sudor frío del ridículo del protagonista en la tertulia literaria, el sentimiento vasallo de amor tosco imposible del matón con la dama rusa, por poner dos ejemplos.
    El mismo piso en el que habita el protagonista es el cubil del fracaso.

    También existe en la trama otro factor que me llama la atención por lo bien captado: la actitud de espera, de inacción y de sumisión ante los acontecimientos. Esa actitud es un sello de la mayoría de los individuos en la sociedad occidental de nuestro tiempo: como individuos esperan a que un gran colectivo cambie su situación, o esperan que "alguien les llame", pero difícilmente afrontan posturas activas y participativas.
    Es el autor omnisciente, son Ellos, los que actúan y cambian el estado de las cosas.

    Tengo la impresión de que Galindo es un autor brillante, un observador agudísimo y que el "pero" que le podemos poner es que, con bastante probabilidad, es un escritor que apenas se ha enfrentado a su público, como significativamente se titula la novela.
    Yo espero que nos lea, que se enfrente a las opiniones de sus lectores, que lo digiera y que, a partir de ahí, escriba la siguiente. Con un segundo libro vamos a ver definido un estilo y podremos juzgar con amplitud.
    Saludos a todos.
    C.

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    1. Apuesta mala leche: Bruno Galindo será autor de una sola novela (lo que no tiene nada de bueno ni de malo). Al tiempo. Por lo demás, coincido con César. El problema es que quiere meter demasiadas cosas en el libro (apuesta: porque sabe que será su único libro). El autor polaco, la metaficción y todas esas chorradas sobran.

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    2. Hola Anónimo
      a mi es que esas fantasías me enganchan, así que no coincidimos en gustos. Un autor tan brillante como Georges Perèc a veces se atraganta (acabo de leer dos comentarios aquí en el blog sobre esto), sin embargo, la mezcla de la híperobservación y la fantasía en la novela El Público son para mí un acierto que convierte la narración en amena.

      Por lo demás, ya veremos, que dijo un señor ciego. El panorama editorial es muy confuso en este momento y no se si eso puede impedir a los autores noveles volver a publicar un segundo libro en papel. Con repecto a la capacidad narrativa del autor, creo que es sobrada, que pertenece a un futuro buen escritor, y que sólo adolece de una cierta inseguridad del que aún no ha sido leído (yo noto esto sobre todo hacia el final del libro).

      Personalmente, celebro que Galindo haya publicado este libro y celebraría que vuelva a publicar (impreso o en formato digital) otra novela nueva.
      Saludos.
      C.

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    3. Descalificar por chorradas me parece realmente fétido. Asco.

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    4. Reig describió exactamente lo que aburre de Perec: es demasiado acróbata. Parece que no escribe para decir algo, sino para demostrar que puede escribir una novela sin puntos en las íes, otra en que menciona 150 marcas comerciales, otra con dibujitos, ahora va una en que todas las palabras empiezan con b... Y así. El público puede gustar más o menos pero creo que todos coincidimos en que se deja leer muy bien, lo que dada la apuesta (podría haber sido un coñazo) es muy meritorio.
      Saludos.
      A.

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    5. Es que parece que en este país cualquiera puede descalificar a cualquiera. Y mira que antes he dicho que la novela parece algo misógina, pero es que no soporto que gente que no sabe ni agarrar correctamente un boli se ponga estupenda con el curro de los demás. Escribir es muy complejo, criticar está chupado ¡Que me lo digan a mi!
      Lo interesante de este libro es lo que nos cuenta, de lo que nos acusa, o se autoacusa. Y está muy bien narrado.
      A partir de ahí, yo le deseo suerte, como a cualquier escritor que se haya dejado la piel para escribir y haya logrado la heroicidad de publicar.

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    6. Hola autora
      no creo que sea misoginia lo que percibes en el relato, sino una descripción o una caricatura, si prefieres, de algunos comportamientos femeninos que escuece.
      Como otras partes de la historia también escuecen.
      Saludos.
      C.

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    7. Volveré a releerla sin prejuicios César. Gracias. A lo mejor tienes razón. De todos modos, autores misóginos que me gustan hay muchos. Houellebecq o Bukowski son así y los tengo entre mis favoritos.
      Saludos también.

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    8. ¿Autor de una sola novela? No sé yo.. estoy por aceptar la apuesta. Si ha publicado una vez es de esperar que quiera volver a hacerlo. Estos tíos son unos enfermos. Los escritores, digo.

      Respecto a la misoginia yo tampoco la acabo de ver. Creo que sí es verdad que los personajes que rodean al protagonista (incluso, diría, el protagonista mismo) están bastante mal dibujados y, como dice una amiga, tiene la profundidad de un plato de sopa pero creo que eso tiene más que ver con la intención del autor de hacer que Nuestro Hombre (& Co) no tenga demasiado peso como individuo. Y por eso hay que tirar de estereotipos, no hay otra, por más que ninguno seamos igual a otro.



      Respecto al panorama actual... bueno, se va perfilando. Veremos en qué queda, pero pinta crudo para los nuevos "valores". Por otro lado, hace tiempo ya que no lo tienen fácil los jóvenes para vivir de esto de las letras. Pero casi mejor. Así la competencia será mas feroz. A ver si alguno se anima al asesinato.

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    9. Hola
      coincido contigo, los personajes son estereotipos, como sus vidas, como sus casas, como sus enamoramientos. No es agradable verse reflejado quizás en eso. En realidad el libro entero es un estudio de mercado, como dice el primer capítulo. Lo que humaniza un poco a estos personajes cliché es precisamente la sensación, tan humana, de fracaso.

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    10. El fracaso y la fantasía como salida.

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  7. Anónimo

    Efectivamente en castellano se escribe "jengibre" y no "gengibre" como yo, erróneamente, he puesto. Y esto es así y no de otra manera, y recurrir a excusas de mal pagador, como que "si los comentarios se escriben de manera automática y no se repasan", como que si al tratarse de una palabra de origen inglés -"ginger"- el error sería más o menos disculpable, etc... son argumentos propios de maulas. Reflexión, esta, que deberían aplicarse a si mismos muchos profesionales de la narrativa y sus seguidores.

    Abrazos!

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    1. El jengibre es el menor de tus problemas, querido bluff, asombrosa tu capacidad para saltar regatos poco profundos, pero con agua, al fin y al cabo.

      Pan y amor.

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    2. Querido anónimo

      Efectivamente, el del jengibre es el menor de mis problemas (o uno de los menores, je,je...). Lo ha captado usted a la perfección.

      Me alegraría que en su caso no sucediera lo mismo. Y gozase usted en el ámbito desjengibrado de la realidad, de una vida feliz, fructifera y apaciguada.

      Con mis mejores deseos, Julian B.

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    3. Pastel de foie, jengibre, y su Garlic Bread. Llamado también Bluff de foie.

      Un foie fresco, exanguinado de venas y arterias propias de tal órgano.
      Jengibre tal cual, 50 gramos. Lavar, pelar y laminar.
      Ajos, 2, no más, blanquearlos y reservar picado.
      Pan; tostar varios círculos de pan tostado, se corta con aro, reservar.
      Perejil fresco lavado, solo hojas verdes, reservar picado. Mantequilla fresca dejar empomar a temperatura ambiente.

      En Termomix batir el foie con el jengibre, añadir sal, pimienta rosa y 50 gramos de mantequilla en la tercera chacharilla para emulsionar.

      Cubrir molde para bizcocho con film, rellenar con el foie, una vez dispuesto, añadir el perejil fresco y picado y hacerlo extensivo al pastel entero, ayudarse de palo de brocheta, el efecto debe ser marble. Dejar enfriar en la nevera.

      Desmoldamos en plato blanco, pintamos con culí de px y acompañamos con los aros de pan tostado aromatizados con finas hierbas de andar por casa, maridar con cava del país.

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    4. Jajajajaja!

      ¡Fantástico! Debe ser la primera receta en vida que consigo entender a la primera. El cocinero, a la vez que experto, se revela como un tipo generoso al que no le importa revelar los verdaderos sus secretos de su cocina.

      Y el nombre de la creación ¡un honor!. Al margen de que le vaya al plato -y sé que peco de inmodestia- como anillo al dedo. Una base ligera se sablé bretón tampoco desentonaría, creo. Y pra la caramelización yo probablemente sustituyese el px por un oporto de tres años.

      En cualquiera de los casos, un placer leerte. Como supondo que igual lo será, igual, si me decido a meterme en la cocina, y no me sale un churro, zamparse, uno, la receta que acabas de facilitarnos ;-)

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    5. jajajajaja, a mí me ha parecido buenísimo. Y muy merecido que lo teníamos. Debería buscar otro párrafo y pegarlo, a ver que sale.

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    6. Hombre, si me pega usted, no sé qué puede salir.

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  8. Lo que se nos cuenta es demoledor: consumiendo pasivamente, esperando a que alguien nos quiera, a que alguien nos contrate, a que alguien nos organice una revolución que resuelva nuestros problemas.
    La mujer rusa significa el extremo de la desidia desde el lado de los ganadores, de la riqueza material pero de la pobreza moral y Nuestro Hombre, la desidia del perdedor, del fracasado.

    Lo que no me gusta es que quizás el autor es un poco misógino, las mujeres son tratadas con poca profundidad y relevancia. Nuestro Hombre se hace simpático, Nuestra Mujer, incomprensible. En el relato hay una mujer incomprensible, otra que es "muy guarra" y una tercera que es una jovencita culta, bonita y revolucionaria. La última, representa un sueño para la mayoría de los hombres en su madurez. Me parece que los tres personajes están abordados desde la inmadurez típica de determinados hombres de cierta edad.
    Hay un cuarto personaje femenino que no quiero olvidar, la secretaria maruja.
    Nos hace un retrato completito a las mujeres, vaya.

    Por lo demás, muy recomendable, es como una patada en el culo.

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    1. Descalificar por misógino me parece realmente fétido. Asco. Como castigo: A leer informes del desaparecido Ministerio de igualdad. Por cierto, ¿en qué archivo habrán ido a parar?

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  9. Quien se pica, ajos come. Yo no descalifico la novela, señalo que el tratamiento de los personajes femeninos me resulta pobre. El ministerio de igualdad? Yo no soy igual que nadie.
    Adios.

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  10. Parece que soy el único que no se lo ha leído. Aun así me aventuraré a adivinar que cuando el autor presentó el manucrito original alguien le sugirió algo más de trama para que no se le ahogara la novela en lo que fuese que se pudiera estar ahogando en ese momento.

    Habéis visto Adaptation, el ladrón de Orquídeas?

    Bluff, mira que eres tiquis-miquis.

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    1. Hola quique

      la trama está bastante urdida como para que sea una sugerencia de última hora de una editorial pequeña. Otra cosa es si esa trama la cierra adecuadamente, cosa que es discutible, pero esa trama engancha y lleva a vericuetos más ásperos de la manita y con facilidad, lo que me parece bastante acertado.

      Creo que si la lees al menos vas a pasar un buen rato y como plus, la historia destaca porque tiene momentos que deliberadamente escuecen.
      Saludos.
      C.

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    2. Visto lo visto, pues nada: a meter el aceite en la nevera, a colocar fotos en la biblioteca (a ver como cojone lo hago pa' que permanezcan to' tiesas) y a clavar las estrellitas de albal -o de lo que sea- con chicheticas en las junturas de las baldas.

      Y respecto de lo de "autorigor", decir lo de antes, que debería haber escrito autorrigor o auto rigor pero NO, como he hecho, autorigor. No me queda sino pedir disculpas y agradecer el toque de atención a quién me lo ha dado. Gracias.

      Lamento, asimismo, lo plomo que me estoy poniendo sobre la cuetión. Sorry.

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    3. No estás plomo, julian.

      Por puntualizar: las fotos no son fotos, son acuarelas y deberían ir directamente sobre madera o tela enmarcada. Creo, vaya, de esto no entiendo mucho. (Lo del aceite en la nevera se me había pasado: yo tampoco lo pillo, pero mira, hay gente muy rara por ahí).

      Abrazo,

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    4. A todo esto: Quiquín, yo sí he visto adaptation. Muy chula. O así la recuerdo.

      Cesar, los ahogos narrativos de Quique son un clásico en el blog.

      Saludos,

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    5. Hola
      ¿ahogos narrativos? suena divertido.
      Saludos también.
      C.

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  11. Qué sigue, Tongoy de Lengüita de Trapo, El libro de los Abortos que hizo llorar a Luna Miguel? jejeje.

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    1. ¿Se refiere a Maternidad Imposible? (Me ha hecho buscar en google. No me haga trabajar tanto la próxima vez, por favor, que esto está muy mal pagado). No sé, no me llama mucho la atención.

      Le veo muy interesado de modo que le diré que tengo por leer (joder, otra vez a mirar) Alimento para moscas, último premio Lengua de Trapo, de Jon Obeso. En el Kindle llevo o debería llevar "Callejero de Judas" pero me da que voy a pasar de todo, como pasaré (otra vez) de "El cielo de Pekin" y como pasé en su momento de "El vampiro argentino". Tengo otros anotados pero ya no recuerdo de cuándo y no tengo mucho interés en (re)buscar.

      ¿Responde esto a su pregunta? Espero que sí, no me gustaría que se marchase usted decepcionado.

      Un saludo y gracias por las visitas, el comentario y todo eso.

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  12. Hola, entro aquí buscando posts y artículos sobre El Público. me ha encantado y la recomiendo.
    Creo que, antipático o no, misógino o no y jengibres aparte, el autor nos plantea es muy interesante. Somos público porque como público se nos alimenta y manipula. Somos objeto de un estudio de mercado. Somos pasivos e inofensivos. Si de público pasamos a ser actores principales, que es lo que sugiere la historia, la cosa cambia. Y vaya si eso no es lo que está pasando aquí y ahora! Que la novela fue escrita hace unos años me hace sentir que es visionaria a corto plazo. Que Bruno Galindo escriba ahora la segunda parte en la que todos le pateamos el culo a periódicos, sistema y demás. Qué ganas de que reviente ya todo!
    Muy recomendable!

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  13. Hola Celia
    como consumidores somos previsibles, eso es cierto. No identificamos por lo que llevamos puesto, por lo que comemos, bebemos, leemos, esuchamos. Y eso es analizable y manipulable. El camino a la rebeldía quizás pase por entender todo eso.
    Saludos
    C.

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  14. Estoy alucinando con la cantidad de gente que ha leído la novela. Y yo creyéndome especial... No somos nadie. Verás como al final sí que hacen segunda edición.

    Gracias a todos por pasar; está quedando un post muy interesante.

    Saludos,

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    1. Has puesto Galino en el encabezamiento. Todos hablando del jengibre y nadie se fijó!
      :-)

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    2. ¡Ostras! Acabo de arreglarlo, gracias.

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    3. Me hiciste caso! Gracias a ti :-)

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    4. Sí nos habíamos fijado, pero somos malos.

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  15. Entonces tendremos que iniciar la revolución con taparrabos! Mira, no es mala idea. Una huelga de consumo. De veras, creo que la historia tiene un mensaje nada despreciable. A lo mejor si Bruno Galindo hubiera publicado esto antes habría pasado más desapercibido.
    Gracias por la respuesta.

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  16. A quien pueda interesar: aquí una entrevista a Galindo que le hacen en La Vanguardia.

    http://www.lavanguardia.com/cultura/20120801/54331201254/periodistas-grandes-productores-sucedaneos.html

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  17. Inmaculada Concepción3 de agosto de 2012, 14:29

    Bueno, desde hoy me posiciono SIEMPRE de acuerdo y a favor de lo que diga AUTORA, y no me he leído este libro, pero si ella dice que es misógino es misógino.

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  18. No es misógino, es una caricatura de nuestros comportamientos. También satiriza al periodista y él es periodista.
    Gracias por el enlace, ya lo vi ayer :-)

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  19. Para mi lo menos que importa es si es un pedante el autor, que si el jengibre, la nevera o las acuarelas, que si trajo o fue trayendo al final el autor nos avienta en la cara nuestra realidad somos consumibles aceptémoslo o no, asi que yo si la recomiendo, deseo no sea su única novela de este periodista y dejare una cita para describirlo.



    A fin de que todo se vea reducido al mismo nivel es, en primer término, necesario procurarse un fantasma, un espíritu, una abstracción monstruosa, un algo que todo lo abrece y que no es nada, un espejismo; y ese fantasma es el público.

    Soren Kierkegaard

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