miércoles, 30 de enero de 2013

Palabrita de Eduardo Mendoza (DK10)


Todo empezó con la siguiente frase de Eduardo Mendoza: “Una intriga bien contada que acaba envolviendo a la sociedad bilbaína y, lo que es más importante, al lector. ¡Un hurra por el autor!” De acuerdo: ¡Hurra! (Por mí que no quede). Volviendo a la realidad: la cita forma parte de un correo electrónico que supuestamente Mendoza envió al editor de Alrevés tras haber leído, anoten, las galeradas de la novela de Gonzalo Garrido, Las flores de Baudelaire. (Nota mental: recordar en el futuro que Mendoza lee y comenta galeradas de perfectos desconocidos y confiar en que no se entere nadie más). En cualquier caso, ¿desde cuándo esta celebración de lo fundamental? Quiero decir: ¿desde cuándo lo que debería ser el mínimo exigible en cualquier novela, es decir, envolver al lector, es suficiente aval? Y hablando de avales, ¿desde cuándo Mendoza puede ser tal cosa? ¿No habíamos quedado en que lo último de lo que debemos fiarnos es de la crítica complaciente de un escritor hacia otro? Espero que no sea consciente, Mendoza, del daño que pueden hacer comentarios tan absolutamente gratuitos como el suyo.
Y conste que no tengo nada que objetar al respecto. Parece que sí, pero no. Primera gran verdad de este párrafo: “A cada uno le gusta lo que le gusta” y Mendoza no es una excepción por muy Mendoza que sea por lo que, si dice que la novela de Garrido le ha gustado, yo me lo creo, faltaría más. Ahora bien, una vez leída la novela, también juro que no vuelvo a fiarme del gusto de Mendoza. Segunda (gran verdad): a todo cerdo le llega su san Martín. Pero no adelantemos acontecimientos. Decía que no tengo nada que objetar al hecho tanto de elogiar una novela como de hacerlo de un modo tan cutre (que sí, que es super-cutre lo del hurra, no me digan). Yo he sido muy crítico con Gonzalo por ese ejercicio, absolutamente legítimo, quiero dejarlo claro, de promocionarse de un modo absolutamente salvaje (esto también). Lo hice porque me parecía —y me sigue pareciendo— que aquel congreso de blogs (repito, blogs) literarios que organizó a comienzos del año pasado era un ejercicio de peloteo como no se ha visto antes en la red pero le reconozco el mérito de haber sido capaz de llenarlo de gente más o menos “relevante” (vamos a dejarlo así).
Lo de los blogs fue una buena jugada. Me refiero a la concentración de blogs literarios, claro. Para algunos, entre los que me incluyo, tuvo su aquel ver en carne y hueso a quienes hasta entonces habían sido poco más que perfiles en la red. El encuentro se suponía que debía aclarar algo, pero no fue exactamente así. Lo que ocurrió fue que en determinado medio hizo mucho, mucho ruido (aunque siempre he tenido la impresión de que menos de los esperado) pero conclusiones, las justas (si acaso alguna). Hay unos vídeos en youtube y poco más. Y-nada-más. En realidad aquel congreso ya se sabía que no serviría para nada que tuviese realmente que ver con los blogs y su configuración o sus tendencias o su deriva suicida sino que el objetivo, pienso, estaba más en el después, en ese momento dame tu dirección, te invito a una copa, ¿has probado los panchitos?, pero sobre todo en algo que obedecía a una estrategia de Garrido como futuro autor de una novela.

Han leído bien: he dicho estrategia. Verán, el seis de diciembre, desde la revista digital El nuevo cojo ilustrado, Xavier B. Fernández entrevista a Garrido y le pregunta qué hace exactamente un consultor de comunicación (la profesión de Garrido). En la respuesta de Garrido está el quid de la cuestión: “Los consultores de comunicación asesoramos a nuestros clientes en estrategias para que sean más conocidos y mejor valorados. Cuidamos su imagen y procuramos abrir canales de comunicación con los públicos que rodean a la empresa”. La negrita es mía. El resto, suyo.
El resto es fácil de suponer. Relativamente, vaya. Van llegando los libros y con ellos las reseñas. Muchas reseñas. Los blogs se vuelcan en ello, pero no son los únicos. Hay, por parte de la prensa, una inclinación a convertir a Garrido en algo así como una necesidad perentoria. El 28 de julio se publica en Babelia un artículo firmado por Lola Galán en el que se cita a uno de los entrevistados con motivo del típico artículo de relleno de cada verano: “La propia editorial que dirige [se refiere a Gregori Dolz, de Editorial Alrevés] propone para esta etapa Las flores de Baudelaire, de Gonzalo Garrido. Primera novela de este autor, calificada de ‘intriga bien contada’ por un consagrado de la narrativa como Eduardo Mendoza”. Tal cual. Los ecos de Mendoza resuenan por los miles de resultados de poner en google “las flores de baudelaire”+“Gonzalo Garrido”. Nunca a un comentario se le sacó tanto partido. Y respecto a la etiqueta de “intriga bien contada” no es ninguna broma; de hecho, un porcentaje elevadísimo de reseñas se aferran a esto como a clavos ardiendo. Es de vital importancia destacar el apadrinamiento (que es en lo que acaba por convertirse) de Mendoza, porque de otro modo este artículo no se entiende. He aquí algunos ejemplos de crítica constructiva.
Desde La manía de leer, Bernardo Munuera, uno de los más entusiastas animadores desdetwitter del congreso de los Blogs Literarios, sigue la senda del elefante Mendoza: “Un libro que entretiene. Una narración suelta, documentada, modelada con historia investigada, tanto por el protagonista como por el autor. Compilar de esta manera el ayer de una estirpe debe producir mucho placer y mucha autoestima. Enhorabuena, Gonzalo”. ¿Enhorabuena, por qué? ¿Por el placer, por la autoestima, por la narración suelta y documentada o simplemente por hacer un libro entretenido que después de “bien contado” es lo que más? Maldita sea, nunca me aclaro con estas cosas. Pero, bien, de acuerdo, por mí que tampoco quede esta vez: ¡Enhorabuena, Gonzalo!
El estilo del resto de las reseñas, lamento insistir, no es muy diferente. Se suceden los tópicos. En el blog Novela Negra y Criminal la recomiendan por dos razones fundamentales: “Si os gusta el género negro y os apetece retroceder en el tiempo para ver cómo era la situación política y económica del país durante los primeros años del siglo pasado, no dudéis en adentraros en “una novela donde crimen y poder van de la mano”. Segunda constante: ir de la mano. Aquí la reseña publicada en el blog Leemisterio.com: “Es una buena opción para estos meses de verano. Escrita de manera ágil y con personajes bien construidos, Gonzalo Garrido narra un misterio donde nada es lo que parece y en el que crimen y poder van de la mano”. (Aceptando que tenga algo de novedoso que Crimen y Poder vayan de la mano.)
Para Juan José Castillo ( Crónicas Literarias desde Nueva York) la cosa no está nada clara: “Gusta a este reseñista la composición de la novela, realizada en capítulos muy breves y que ayudan a una fácil lectura, dotándola de mucha agilidad. […] La apuesta es interesante, con una potente ambientación y que rezuma literatura por todas partes. La recomiendo como lectura interesante”. Digo que no está tan clara por lo de “interesante” ¿Una potente ambientación en una novela que rezuma literatura —¡por todas partes!— solo recibe la calificación de interesante? Es ese moverse entre lo contenido y desatado lo que no me acaba de convencer y no sé si es un problema mío, que no sé aceptar que ambas cosas son posibles, o de los demás, que no se atreven a llamar a las cosas por su nombre.
Hay quién va todavía más lejos, como es el caso de la crítica que escribe Juan Laborda Barceló para Culturamas (nada menos): “Si buscan un entretenimiento, bien construido, estético y de prosa fina, lo hallarán. Pero si desean reflexionar sobre el individuo encerrado en sus particularidades, las fuerzas que lo motivan y lo condicionan, encontrarán otro plano de lectura aún más rico”. Lo que sea que busquen lo encontrarán en la novela de Garrido, ¡y en cantidades ingentes! Otro ejemplo de lo mismo, firmado por Letras hispanas: “Lo que pretende es provocar, hacernos pensar en nuestras propias vidas, en si somos lo suficientemente valientes y honrados con nosotros mismos, con los demás. Eso sí, de forma entretenida. En este sentido, tiene varios niveles de lectura, desde el sencillo al más sofisticado, dependiendo de la hondura que se le quiera dar”. Un poco manual de autoayuda pero a tiro limpio.
Todo esto tiene un pase, al fin y al cabo la mayoría de los críticos mencionados son especialistas en novela negra, que, sin querer insultar a nadie, no tienen precisamente fama ni de duros ni de exigentes. Lo cierto es que para ser lectores de novela negra resultan ser unas personas de lo másblanditas. Tampoco me sorprende que la escritora Susana Hernández destaque en su recién estrenado blog de novela negra (y van…) llamado Black Club que ha “disfrutado leyendo una historia ágil, amena, excelentemente escrita y con un dibujo de personajes que me ha parecidomuy notable” (las cursivas son mías); al fin y al cabo Susana publica también en la misma editorial (Alrevés) y si es de ley cubrirse las espaldas entre los del gremio no digamos ya si forman parte del mismo proyecto común. Cuesta algo más tragar con tamaña soplapollez: “En conclusión una brillante primera novela que hace concebir grandes esperanzas sobre el futuro literario de Gonzalo Garrido. Si lo bendice Eduardo Mendoza, será por algo”. En eso estamos de acuerdo: por algo será. Quisiera yo saber qué.
A esto es a lo que me refería cuando decía más arriba que ciertos comentarios hacen más mal que bien a la crítica literaria (ver final del primer párrafo). Parece que llevarle la contraria a Mendoza sea un acto subversivo. Lo de Garrido promocionando su novela me parece fantástico, lo digo completamente en serio; me quito el sombrero. Lo que no acabo de entender es este bailarle el agua a un escritor novel que únicamente ha demostrado que es capaz de escribir una novela ágil, de fácil lectura y personajes en apariencia bien dibujados, que retrata la sociedad bilbaína de principios de siglo (que parece que el Bilbao de 1900 haya sido el gran descubrimiento de todos estos críticos).
Las pocas críticas negativas que yo he encontrado se ocultaban entre los comentarios de algunos blogs y hablaban, curiosamente, de personajes mal dibujados y una trama aburrida. Sorprende la unanimidad, el ir y venir entre la emoción y la contención y sobre todo ese silenciar las voces de quienes ejercen la crítica negativa. Me explico y ya termino:
Hace un par de meses un periodista de El Correo de Bilbao, Pablo Martínez Zarracina, me hizo una serie de preguntas para un especial que querían publicar en el suplemento culturalTerritorios sobre crítica literaria (y que finalmente se publicó el 29 de diciembre). Una de las preguntas era la siguiente: “Por su experiencia, ¿están los autores atentos a lo que se escribe de ellos en internet? ¿Intentan influir al crítico? ¿Autopromocionarse?” Mi respuesta, al menos la parte de mi respuesta que se publicó, fue: “[…] la autopromoción es legítima y, en los tiempos que corren más necesaria que nunca. No tengo nada que objetar, la verdad. Yo mismo ejerzo de promotor espontáneo cuando descubro algún autor que vale la pena, como puede ser el caso de Celso Castro, por poner un ejemplo actual de un magnífico escritor injustamente menospreciado”. Pero había más. Sí, había otra parte de mi respuesta que no llegó a publicarse, no sé si por falta de espacio o porque el periódico era de Bilbao, como Garrido, o porque de lo malo no se habla nunca y así nos va. Este era el resto de la respuesta: “Al otro lado del ringestaría alguien como Gonzalo Garrido, la clase de escritor mediocre tirando a horrible que utiliza internet como un medio para hacer autopromoción gratuita —en la medida de lo posible— a través del envío masivo de libros a blogs para obtener una reseña elogiosa o que organiza (o participa en) un evento tras otro para poder estar siempre en el candelero. Insisto en que me parece legítimo, pero la autopromoción salvaje siempre me dispara las alarmas. Me inspira más confianza el escritor que se oculta en una cueva, sinceramente”. No deja de tener su gracia que esta pequeña “censura” se llevase a cabo en un artículo que trataba la cuestión acerca de quiénes y cómo se ejerce la crítica literaria actualmente.



32 comentarios:

  1. Supongo que voy pillando la idea (un poco kafkiana, todo sea dicho, aunque apropiadísima para el lugar en que se publica) que se establece como nexo entre todos los artículos que, siendo antes "Autopsia crítica", quedan ahora etiquetados bajo tu nombre, en solitario, quizá como metáfora de la lucha, si no en exclusiva, sí tangencial (o, por lo menos, atípica) en la que se están empezando a transformar. Básicamente intuyo que la idea es denunciar una crítica que se apoye en gustos personales (que siempre serán resultado de una elección y no podrán ir más allá de una mera opinión), en lugar de una que lo haga en argumentos que, podrán ser defendidos o rebatidos, pero corresponden a una forma (digamos distinta) de abordar un resultado creativo.

    Es, desde luego, una estrategia arriesgada: porque obliga a presentar los motivos que fundamentan una afirmación (los argumentos) y, porque, por su propia naturaleza, carecen de intereses derivados de la relación con la persona que ha realizado el esfuerzo (el de escribir y el de criticar al que escribió).

    Visto desde fuera este espectáculo es mucho más divertido y, naturalmente, más variado que contemplar la aquiescencia del perrito que va en la bandeja portaequipajes del coche que va delante.

    Ánimo en la tarea.

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    1. Te debo un email, Alberto, no me olvido. He estado algo liado.

      A ver, yo creo que tu cabeciña trabaja de más. Las cosas son siempre mucho más sencillas. En realidad a mi no me molesta la crítica que se apoye en gustos personales. ¿Cómo podría si es lo que yo hago aquí? No, mi denuncia es el buenismo general. A mí lo que me molesta es ese hablar bien de todos los putos libros sean buenos o malos (hay excepciones, claro) y también la corrupción, entendiendo esta, más que comprar un espacio (lo de El País con Alfaguara, por ejemplo), como el amiguismo, que de eso hay para aburrir. O quejarse y no dar nombres, como hizo ayer Ferré en su blog. Eso no lo entiendo. Unas veces es victimismo y otras, como en el caso de Echevarría, simple cobardía.

      Lo más triste es saber que yo también he pecado y peco de lo mismo. A veces veo cosas que me parecen denunciables y me callo por diversas razones. (También te doy mi palabra de que no será para siempre). Esto se traduce en la creencia de que cuánto más dentro, más "pillado". Ahora mismo sólo quiero estar a 1000 kilómetros de todo. Y leer. Sobre todo leer. Estoy harto del "mundillo".

      Sobre lo de DK y esa entradilla de "Autopsia Crítica" desaparecida. Ya sé lo que pasa. Tú la buscas cuando estás leyendo el artículo. Ahí no está. Sólo la ves en el "Índice", digamos. Luego, cuando te conteste, te mando una foto para que lo veas.

      Abrazo,

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    2. Por supuesto que "mi cabeciña trabaja de más". Por eso vengo aquí: a vaciarme un poco y no tener que compartir esos excesos con mi familia (y la gente que quiero) que me soportan porque no les agobio con mis cosas. Aquí es más sencillo hacer caso de forma selectiva y nadie se va a enfadar porque no le hagan caso a uno.

      Creo que entendí la relación entre el pelotilleo y las críticas favorables derivadas del amiguismo y las sinergias que generan; es posible que la forma atribulada de escribir que últimamente me sale, complica que se me entienda el orden en que las afirmaciones se conectan. Acepto el reto. Podaré mis frases. Serán más sencillas. Sin florituras. Sin excesos. Sólo lo esencial. Eliminando la complejidad.

      Vale.

      Lee. Por descontado. Parece que es lo que te gusta. Y da la sensación que, habiendo atisbado un poco, te da miedo el "mundillo". Aléjate. Vete a un pueblo. O una ciudad pequeña. Una mediana, que puedas pasear y desconectar (si te apetece) de tus conocidos. O encontrarte con ellos, cuando los buscas. Que tenga mar y te permita mirar si te encuentras bucólico. Y una playa. Pasea con los pies descalzos, por la arena y piensa en los que están en Madrid, en medio de un atasco. Vete, qué sé yo: a Coruña. Hay, además, zona para salir y tomar pulpo y pimientos del padrón y lacón cocido. Y caldo. O empanada de zamburiñas.

      Y lee, de verdad, pero no para comentar, sino para disfrutar.

      Y, espcialmente, no hagas ni puto caso de los consejos que nadie te dé en un espacio público; menos, si se trata de un espacio virtual.

      Ya vi lo de la entradilla y he visto que en DK existen otros: he cerrado los ojos para no sentirme atrapado en la tentación de echar un vistazo.

      (((Modo ironía desconectado)))

      Abrazo, de verdad.

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    3. Lo de los pies descalzos por la arena lo vamos a dejar para épocas más cálidas, si no te importa.

      Y sí, el mundillo da miedo, porque realmente es un entorno que, visto desde lejos, parece consumir bastantes energías en retroalimentarse. NO me quiero imaginar lo que sería de mí en un entorno "descontrolado" como Madrid o Barcelona. Supongo que lo hubiese mandado a la mierda hace tiempo o simplemente no podría existir (la medicina).

      Y déjate de podas, se te entiende bien, pero si te doy la razón a la primera nos quedamos sin conversación. No jodas.

      Abrazo,

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  2. Ay, ya, ay... y luego querrás todavía que Gonzalo te invite a su boda...

    No te hagas falsas ilusiones, Carlos, que a la boda a lo mejor sí que vas, pero de actuar como testigo del enlace, nada de nada, vete despidiendo. Ja, ja...!

    ;-)

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    1. Jejeje, no, no creo que me invite. O bueno, no sé, hay quien dice que deje de hacerle favores a Garrido si tan malo es.



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  3. Al final no me ha quedado claro si el comentario tonto ése de Mendoza lo envió el propio Mendoza o fue todo un camelo. Y , si es verdad,cómo trascendió un comentario de un e-mail pribvado, que lomismo podía ser cierto que no (bueno, a no ser que hubiera firmado como "el escritor Em.. Palma..do", que entonces es de interés público). Por otro lado, caso de ser cierto, tampoco sé porqué hay que darle tanta importancia aun comentario elogioso de Eduardo Mendoza, que es un escritor que reconoce que suele leer el Antiguo Testamento y la "Leyenda Dorada" y cosas aasí... y lo digo yo, que soy mendocista hasta las trancas y no voy besando el suelo que pisa simplemente porque me sentiría anonadado ante su presencia. Pero le admiro como escritor, no como lector o como crítico. A cada cual lo suyo.
    En cuanto a la autopromoción del sr. Garrido, pues olé sus huevos, si es que le ha salido bien (cosa que dudo: ¿cuántos ejemplares habrá vendido de esta novela tan bien recomendada. Pues eso). Tampoco hay nada nuevo bajo el sol: recordemos al "único premio Nobel realmente existente" (en palabras de Vázquez Montalbán) cuando iba por la tele afirmando que podía absorber no sé cuantos litros de agua por salva sea la parte. Y lo bien que le salió, el tema... O, más recientemente, los numeritos de doña Lucía Etxebarria, de la que sin duda volveremos a oir hablar, por desgracia. O a Arturo Pérez haciendo como que las balas silbaban a su añlrededor, en sSarajevo... al lado de todos estos, la autopromo de Gonzalo Garrido es un ejemplo de dignidad y buen gusto.

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    1. Claro, si yo soy el primero en quitarse el sombrero. A ver, no hay mejor promotor que uno mismo y Garrido sabe cómo hacerlo. Me pareció algo "tramposo" montar el circo de los blogs para ganarse afinidades, pero oye, tonto el último y el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Cuando yo publique mis memorias organizaré unas jornadas de comentaristas en Hawai y os invitaré a todos.
      No sé cuánto se ha vendido de "Las flores..." pero en agosto lanzaron la segunda edición.

      Lo que me alucina son dos cosas: una, que el comentario de Mendoza sea palabra de Dios para tanta gente y dos, que los blogs hayan caído en un red promocional tan evidente. Hubo gente (que hizo reseña) que luego me reconoció que la "novelita" de Garrido no merecía, ni remotamente, los comentarios elogiosos que le había "regalado". Groso modo. Este artículo sólo quería cubrir esa "tercera parte". Hablé del antes, hablé del durante; me faltaba el después. Ahora ya está, ya terminé. No volveré a hablar de Garrido y desde luego no volveré a leer lo que sea que escriba.

      Ah, lo de Mendoza: entendí que el editor le mandó las galeradas. Mendoza lo leyó y le contestó la cita dichosa. Y de ahí al cielo.

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    2. Vale. Yo, sin haber leído la novela de Garrido (y me temo que no la leeré), que a lo mejor resulta ser excepcional y todo, quiero pensar que lo de "¡Un hurra por el autor!" iba con retranca, conociendo la idiosincrasia de don Eduardo, tan proclive a ella.
      Sé que es hacer de abogado del diablo, pero hombre... es que es Eduardo Mendoza.

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    3. Pues la verdad, habiendo visto al Sr. Mendoza cenando en uno de los restaurantes más caros de Barcelona, con un traje de modisto, impecable, y un abrigo largo de gentleman inglés, no me lo imagino de vuelta a su casa leyendo galeradas de un auténtico desconocido. Ni siquiera las de un primo suyo. Pero claro, todo es posible.

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    4. ¿Y qué tienen que ver los cojones pa comer trigo? con perdón de la expresión.
      ¿Debería Mendoza cenar una lata de puerros en una buhardilla gélida en plan Carpanta?
      No sé, si dijeras que es dirigente de CCOO...
      Déjalo que disfrute, mujer...
      Y por cierto, a mí todo este asunto de su comentario en un mail, pufff, me suena super turbio...
      Tongoy, tú mismo comentas cómo se puede manipular una frase, cómo cortando y pegando, uno puede hacer la composición que más le conviene para su artículo, blog, reseña...
      Estaría bien que Mendoza se pasase por aquí y nos lo aclarase :)

      Aclaro que a mí me parece estupendo que Mendoza dé su opinión sobre un libro, aunque sea horrible. Como bien dicen por ahí, otra cosa es hacer de eso palabra de dios te alabamos señor.

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    5. No mujer, si me parece cojonudo, pero todos sabemos que nadie lee galeradas por gusto, y si de alguien me extraña que lo haya hecho es precisamente de él, porque por pasta está claro que no. Algunos escritores lo hacen para las editoriales que trabajan y se sacan un sobresueldo, pero él no creo.

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    6. Pues sí....Lo mires como lo mires es raro, raro, raro (y para mí que un raro al cubo es casi siempre sinónimo de bulo)

      Ahora bien, qué listo el Garrido. Esto sí que hacer el milagro de los peces y los panes. Pero tampoco es de extrañar, hoy en día no tienes más que mirar las páginas de las editoriales, casi todas tienen una sección donde informan: No se admite el envío de originales. Y entonces qué? Pues a tirar del primo de tu madre que resulta que es el ginecólogo de Lucía Etxeberría, a ver si cuela.

      Ojalá yo tuviera ese primo ginecólogo, jajaja.

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    7. No hace mucho vi una película que me sorprendió, que trataba más o menos de eso. Un escritor consagrado escribe críticas en una periódico. Hasta aquí todo normal. Últimamente le ha dado por escribir solo críticas negativas, porque los libros que caen en sus manos le parecen una mierda. Pero un día da con el primer libro de un autor novel y le parece "interesante", solo eso, y lo cita en su columna. A partir de ahí, el escritor novel va a aprovechar ese comentario para subir como la espuma haciéndole la vida imposible al mismo tiempo.

      No recuerdo el título, lo siento, porque la vi empezada, pero estaba francamente bien y era bastante real. A ver si alguien de por aquí la ha visto.

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    8. Joder, Ire, ya te vale. Esto va a parecer el juego de las películas. ¿Algún actor conocido? ¿Nacionalidad? ¿Algo? ¿Parecía vieja, nueva,...?

      Respecto a Mendoza. Ahora que no nos escucha nadie os diré que yo no me lo creo mucho. ¿Mendoza (o cualquier que se gane la vida medianamente bien) leyendo galeradas? ¡Anda ya! Mirad, cuando me informaba pasé más tiempo buscando el origen de la cita que escribiendo el texto. Lo encontré de chorra, entre una de las doscientas mil entrevistas que le hacen a Garrido (¿o fue a su editor?). Me mosqueaba muchísimo tanto "ocultismo". Me sigue mosqueando pero no creo que Mendoza "no lo hubiese dicho" o ya lo habría desmentido. Supongo. El que no desmiente, consiente, no?

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    9. Jajaja, ya lo sé que está difícil. Yo misma he intentado buscarla y no la he encontrado. Era española y la vi en el plus hará un par de meses, o sea que debe de tener como año, año y medio. Los actores no me sonaban, uno mayor y otro joven, pero tampoco soy muy cinéfila, o sea que igual son megaconocidos y yo no me he enterado. En fin. La citaba por el tema, que ese comentario, convenientemente hinchado, del escritor consagrado primero aparece en la faja promocional del libro, sin permiso del escritor mayor, que al principio se mosquea pero no le da importancia, y luego se va complicando, y complicando, la cosa.

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    10. Ése argumento es igualito al de un cuento de Quim Monzó, en 'Mil cretins'. En la versión que hizo Ventura Pons del libro creo que salía esa historia. ¿Puede que sea de ahí que te suene? Si no, hay que decir que el argumento es idéntico.

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    11. Querida Ire, permíteme la confianza ya que apenas nos hemos tratado, pero me recuerdas a mi padre cuando empieza: Sí, hombre sí, ese actor muy famoso que ya está muerto.
      Pa mí que lo has soñado.

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    12. Jaja, me lo dice todo el mundo. Cuando empiezo 'sí, hombre, aquel que salía en aquella película, con bigote...' hacen ver que no me han oído, porque es el cuento de nunca acabar. Tengo una memoria horrible para los actores, no sé por qué. Y lo peor es que no están muertos y alguno hasta ha ganado el último Oscar, pero no es culpa mía.

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    13. Joder, pues yo tengo el libro de los Mil Cretinos en casa y no me acuerdo para nada de ese cuento (bueno, ni de ese ni ahora mismo de ningún otro...) Lo voy a releer que ya me ha picado el gusanillo. Después de la que has liao ya puede estar bien...

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  4. Hostia, pues ahora que lo dices hace poco que vi 'Mil cretins'. Es posible que la viera allí. Sí, casi seguro.

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    1. Tiene Web. Mira la sección de fotos, igual reconoces a un actor.

      http://www.milcretins.venturapons.cat/castellano.html

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    2. Voilà! El que sale sentado en la foto, con gafitas y enseñando un libro. Sí que era esa!

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    3. Yo, por seguir defendiendo a Mendoza, apunto un par de hipótesis: 1- Que sea mentira cochina que Mendoza hizo ese comentario. Va el Garrido o su editor y lo sueltan, porque calculan que don Eduardo igual ni se entera, y si lo hace, ¿qué va a hacer? ¿entrar en una guerra de desmentidos y declaraciones en plan "Sálvame"? Lo deja correr y como la novela tampoco es que ha llegado al Top Ten, pues el asunto se queda en comentario de blogs como éste (dicho sea con todo cariño y respeto).
      2- Que sea verdad que Mendoza se leyó las galeradas, seguramente no por dinero, pues es difícil pensar que este escritor vaya a tener problemas económicos o que si los tiene ,no puede encontrar otra fórmula más lucrativa para solventarlos. Pues bien, lee las galeradas por hacerle un favor a un amigo, que igual es el editor de Alrevés o un primo del primo de su mujer o yo qué sé... O ni siquiera las lee, pero hace como si. ¿Qué puede comentar a esas galeradas? No va a decir que la novela es una basura, digo yo, si es un favor que le han pedido... así que responde lo de "¡Un hurra por el autor!", que, como ya he escrito en un comentario anterior suena a sorna, por no decir a chufla.
      Y todos contentos.

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    4. Qué risa con estas identificaciones cinéfilas. Ire, amor, eres un encanto.

      Por cierto, Carlos, meto este comentario para ti aquí porque en el DK no sé cómo hacerlo o me da pereza. La tal Desiree te acusa de cebarte "con un autor poco conocido". ¿Y ser poco conocido debería salvarlo de tus críticas? ¿Hay que consentir al niño solo porque es pequeñín? La verdad es que yo sería más tajante y condenatorio: el señor Garrido puede promocionar su libro hasta el asco si quiere; sin embargo, me parece patético que un autor utilice las estratagemas que has mencionado. Un asco, literalmente. Yo no lo encuentro admirable, por muy bien que le haya resultado.

      Yo estoy con el otro que te sugiere que si te empiezan a exigir que te contengas con esta clase de autores, la mejor respuesta es repartir más hostias, palabras más, palabras menos.

      Por cierto que, a propósito de este "insigne" autor y otros como él, tengo una duda que me carcome el alma, y como no soy crítico ni reseñista ni nada parecido, me atrevo a plantearla: ¿será que a los seudo escritores calvitos, mientras más pelo se les cae, más les crece el ego?

      Beso, Ire

      Abrazo, Carlos

      Pocoyó

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    5. Desiree es como casi todos. Se le va la fuerza por la boca. "Al otro, al otro..." y nada más. De todos modos le estoy muy agradecido, le da vidilla al asunto. Y tengo que reconocer que me siento halagado con un seguimiento tan... intenso. Me gusta tener una fan incondicional.

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  5. Está claro que a Gonzalo Garrido la jugada le ha salido perfecta.
    Le estás haciendo la campaña, Carlos.

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    1. Sí, Paz, lo sé, pero si me dejo llevar por eso cierro el blog. Y mira, si vende, que venda. Me deberá unas cañas y tan amigos. Por otro lado mejor él que 50 sombras de Grey. Por lo menos se queda la pasta en Bilbao. ;)

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  6. Más que de mil cretinos... se puede hablar del cretinismo de Mendoza. No hay más que escuchar la sarta de chorradas que dice de Kafka y de otros autores en diferentes páginas de youTube.
    Carlos haces bien en querer leer y solo leer. El mundo artístico está inundado de mierda... con solemnes excepciones, claro. Y lo digo, no solo por el mundillo literario, que conozco medianamente, sino por el teatral, con el que me codeo desde hace más de 25 años... Resulta pavoroso ver hasta que punto esta corrompido el tejido cultural de nuestro país; premios amañados, favoritismo y enchufismo a mansalva, subvenciones injustificadas y lujuriosas, favores debidos, críticos ineptos o nepóticos, baboseo y servilismo a mansalva, odios injustificados entre artistas e instituciones culturales que quieren trincar la pasta a toda costa por encima de un buen servicio, trabajo o profesionalidad... Aunque es verdad que pese a tanta mierda, sí, sí... todavía hay autores, actores, directores que creen en el arte y se esfuerzan cada día en superarse y realizar una labor arriesgada, integra y profesional.
    Pocos, pero haberlos haylos...
    Te entiendo, Carlos, yo también quiero, leer y leer...

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    1. MIra, ni me hables de favoritismos y subvenciones, que estoy siguiendo la pista a un pollo que huele a treinta kilómetros y estoy hasta las narices. Qué cosa...

      Leer, sí. Qué tiempos aquellos...

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  7. "Resulta pavoroso ver hasta que punto esta corrompido el tejido cultural de nuestro país; premios amañados, favoritismo y enchufismo a mansalva, subvenciones injustificadas y lujuriosas, favores debidos, críticos ineptos o nepóticos, baboseo y servilismo a mansalva, odios injustificados entre artistas e instituciones culturales que quieren trincar la pasta a toda costa por encima de un buen servicio, trabajo o profesionalidad..." Después de leer estas palabras, sentí la tentación de hacer un comentario cínico del tenor de que eso es lo que ha ocurrido siempre, en qué mundo vives, esto es lo que hay, etc... pero luego lo he pensado mejor y me he dado cuenta de que esta actitud mía, esta permisividad aunque sea desdeñosa, hacia lo corrupto, es lo que hace que luego, cuando aparece un escándalo como que la cúpula del partido que se dedica a recortarnos la Sanidad y la Educación y las pensiones y los sueldos y criminalizar a los que protestan; si nos enteramos de que esos mismos han estado cobrando dinero negro procedente del soborno, pues aunque nos escandalizemos (con más o menos sinceridad, según los casos) no creo que nadie se sienta extrañado con lo ocurrido (¿o es que a alguno de vosotros le sorprende lo de los sobres del PP?). Y puede que el origen de este clima de descreimiento esté, por ejemplo, en que todos aceptemos que los premios literarios estén amañados (y de acuerdo que Planeta puede hacer lo que quiera con sus premios y el que crea aún en su excelencia y honradez, pues peor para él... Pero es que luego esa aceptación de la trampa se extiende al resto de premios y también a los que se conceden con dinero público); que los puestos, becas o subvenciones se concedan a los recomendados o a los correligionarios (o a las esposas de, como si te dan la dirección del Instituto Cervantes en Estocolmo por ser la mujer del director de la fundación de tu partido, por ejemplo); o simplemente que la administración te cobre tasas injustas, que los fontaneros prefieran hacer facturas sin IVA o que las autoescuelas de una ciudad se pongan de acuerdo para fijar los precios, yo qué sé... Aceptando todas estas corruptelas cotidianas, acabamos aceptando también que se construyan aeropuertos innecesarios o que un arquitecto estrella se lleve tropecientos millones por proyectos que no se van a construir. Y si dejáramos de aceptar toda esta podredumbre en nuestra vida, por pequeña que sea, alo mejor podríamos conseguir una sociedad, si no mejor, al menos no tan puteada.

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